Carta a un TCA
Zaragoza, España, 2 de junio de 2026
Estimada Candela:
Ayer me acordé de vos, pero no de la de ahora; de vos, hace unos años.
¿Cómo estás hoy? ¿Cómo van las cosas en tu vida? Hay algo en tus ojos que todavía reconozco y algo que ya no está. A veces me invade la angustia de la charla que nos debemos.
Hay tanto que quisiera decirte.
¿Te acordás cuando no querías estar viva? Nunca lo aceptaste. Simplemente, lo supuse. Algunos coquetean con la muerte de maneras sutiles. Simplemente deciden desvanecerse hasta llegar a los huesos.
Primero, que lo siento. Siento no haber entendido antes que estabas haciendo lo mejor que podías con las herramientas que tenías. Que detrás del control, de las reglas, del miedo a la comida y de la necesidad desesperada de cambiar tu cuerpo, había una chica intentando sentirse segura, aceptada y suficiente.
Todavía recuerdo cuando te lavabas la cara sin mirarte demasiado en el espejo. Qué difícil debe haber sido ver a un enemigo todas las mañanas. ¿Te acordás cuando sabías las calorías de las cosas de memoria? Cada comida podía sentirse como un examen. Veo que eso sigue un poco latente y que todavía no disfrutás del todo. Sé el agotamiento que implicaba negociar constantemente con vos misma, pensando que si lograbas tener el cuerpo correcto, finalmente encontrarías paz.
Qué escondidas nos tenés. Hoy veo las fotos de tus redes sociales y qué sorpresa encontrar solo un presente. Siempre me llamó la atención.
Sé que seguís luchando con tus distintas versiones. Pero qué valiente resultaste ser.
Te hicieron creer que, si eras más disciplinada, más pequeña o más perfecta, estarías a salvo del rechazo, del dolor o de la incertidumbre. Me alegra saber que estás recuperando tiempo, momentos presentes y energía.
Quiero agradecerte por haber sobrevivido. Porque incluso en medio del miedo, seguiste adelante. Buscaste ayuda. Te levantaste. Aprendiste cosas nuevas sobre vos misma. Seguiste intentando.
Y eso también es fortaleza.
Quiero que sepas que el cuerpo que tanto criticaste y que aún criticás está siempre de tu lado. Te permitió abrazar a quienes amás, viajar, bailar, entrenar, reír hasta que te doliera la panza y seguir presente en los días más difíciles. Nunca estuvo en tu contra. Solo estaba tratando de mantenerte viva.
Todavía estoy aprendiendo a tratarlo con más respeto. Todavía hay días difíciles. Días en los que la voz del trastorno vuelve a aparecer y susurra. Pero ahora sé que esa voz no es la verdad. Es una parte asustada de nosotras intentando recuperar una sensación de control.
Y hoy elijo escuchar otras voces también.
La voz que dice que merecemos alimentarnos sin culpa.
La voz que dice que nuestro valor no cambia según nuestra talla.
La voz que recuerda que vivir plenamente es mucho más importante que encajar en un ideal imposible.
Hoy me abrazo. Cada día me recuerdo que no necesito ganarme el derecho de existir. Que no tengo que demostrar disciplina para merecer amor. Que nunca tuve que convertirme en otra persona para ser suficiente.
Ya eras digna de amor en el pasado.
Sos digna de amor hoy.
Y lo vas a seguir siendo en todas tus versiones futuras.
Gracias por resistir cuando parecía imposible.
Gracias por seguir acá.
Con amor, paciencia y mucha más compasión de la que alguna vez imaginamos,
Candela
Querido TCA:
Gracias por intentar ayudarme de la única forma que conocías. Durante mucho tiempo pensé que te necesitaba para estar a salvo. Hoy entiendo que puedo cuidarme sin castigarme.
Ahora estoy buscando otras maneras de estar segura. Otras maneras de vivir. Y aunque todavía haya días en los que tu voz se haga fuerte, ya no sos quien toma todas las decisiones.
Gracias por haber intentado protegerme.
Hoy elijo aprender a protegerme de otra forma.
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