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Mostrando entradas de marzo, 2025

Gracias, gracias, gracias:

Gracias, gracias, gracias. Gracias a la vida por enseñarme tanto.  Gracias a mis mascotas, por mirarme con tanto amor.  Gracias a mis células, por moldearme. Gracias al sol por salir. Gracias al pasto por crecer.  Gracias a la música, por sonar tan bonita.  Gracias a mi cuerpo por llevarme y traerme, por soportar maltratos, por entender que hoy no es siempre.  Gracias a mis amigos, por velar por mi bienestar. Gracias a Edison, por darme luz. Gracias mi casa, por protegerme. Gracias a mis manos, por permitirme hacer. Gracias a la ropa, por abrigarme.  Gracias a la incertidumbre, por enseñarme. Gracias a mis miedos, por intentar cuidarme.  Gracias al deporte, por salvarme. Gracias a mi sistema inmune, por protegerme.  Gracias a lo que me faltó, por hacerme resiliente.  Gracias a mi país, por enseñarme de patria.  Gracias a mi hermano, por su inmenso amor.  Gracias a mis papás, por darme lo que pudieron. Gracias a Dios, por la inmensid...

Querido diario,

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 El otro día hablabamos con una amiga sobre la vida tragicómica.  ¿Es mi vida tan trágica? ¿O tan cómica?  ¿Tengo algo para contar? A veces pienso, ¡wow, qué aburrida!  Porque no soy una persona que haya vivido grandes situaciones. Soy yo, con mi extroversión introvertida.  Soy yo, orbitando el mundo.  Soy yo, con mis críticas, a veces, un poco destructivas. Soy yo, con todo eso "que debería ser".  Soy yo, intentando ser; aunque no siempre capaz de lograrlo.  La realidad es que mucha gente piensa en esas anécdotas que les va a contar a sus nietos.  ¿Yo qué les contaría?  ¿Hay algo realmente tan interesante para contar?  No soy hija del rigor.  Me adapto a una vida en la que, a veces, simplemente soy un cúmulo de estrés. Cambio un par de cosas. Muto.  ¿Pero alcanza eso?  Vive rápido, muere joven y tu cadaver será bello.  ¿Saben? No es para todos.  A veces, me agobio porque... che, cómo puede ser.  Digo, ...

Rápido y lento

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Particularmente, tengo todo un tema con ir lento.  Porque lo intento, ¡les juro, eh! Pero es como remar en dulce de leche y no llegar nunca a las orillas.  Desde hace años, siento que todo va más rápido que mi capacidad de procesar. No sé si conocen la viborita, el jueguito de los primeros celulares, que a medida que más grande se volvía, más rápido corría el juego hasta que te estrolabas contra algo. Así siento la vida, a veces.    Realmente, por lo menos lo que se siente como parte de esta generación, uno vive en la supervivencia de jugarse la vida y los sueños en las decisiones y SIEMPRE, no a veces, SIEMPRE parece llegar tarde a la parada del tren.  No sé si conocen a Gabriel Rolón. Hay una frase de él que dice  "Todo parece imposible hasta que se hace". Creo que le agregaría, "pero qué dificil es el tiempo hasta que se concrete" o peor aún, duelar lo que no se logra. 

Querido diario,

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Que ansiedad elegir, las opciones, las posibilidades, las pérdidas.  Volver una y otra vez a pensar el mismo tema, analizando miles de situaciones que pueden salir de una primer instancia. Elegir es renunciar.  Renunciar a una o a todas las posibilidades.  ¿Elegir es perder? Y yo no pierdo...  Ese bucle que vuelve una y mil veces a recordarnos que los "y si" no son más que un supuesto.  Uno de mis temas recurrentes es querer ser todo, y sentir que la vida no es suficientemente larga para ese todo. Peor aún, querer todo es no llegar con nada.  Procrastinar, paralizarse, no avanzar. Porque la ansiedad del día a día, paso a paso, minuto a minuto genera la sensación de que no estás haciendo nada. De que poco nunca va a ser suficiente. De que yo no soy suficiente. ¿Qué es lo "suficiente"?  Renunciar a lo que pueda suceder es renunciar a esa partecita de nosotros mismos que ya imaginó esa realidad alternativa, esa conversación, ese estado consecuente.  ...

Aún sin nombre

  " El niño que no sea abrazado por su tribu,  cuando sea adulto, quemará la aldea para poder sentir su calor"                                  - Proverbio africano. Las últimas hojas del otoño caían, deslizándose con suavidad sobre la tierra húmeda. El viento silbaba entre las copas de los árboles, y el río, a lo lejos, murmuraba su eterno fluir. La casa, de piedra y madera envejecida, se erguía solitaria entre las montañas, lejos de cualquier aldea, lejos de todo. En el interior, apenas iluminado por la luz temblorosa de una lámpara de aceite, la melancolía se respiraba en el aire. Algo en mi instinto de supervivencia, una voz en mi interior, me grita que algo malo va a pasar. —¡Respira, mamá! ¡Está viva! Mi hermana llena sus pulmones de aire y llora, un llanto agudo que se mezcla con el silbido del viento que golpea la madera de las ventanas. Algo llama mi atención. Miro hac...