Encontrarse con uno mismo
Cuando llegué a la facultad, me encontré con un mundo muy distinto del que conocía, me encontré con una persona más vacía de la que esperaba, y con una realidad más cruel de la que estaba preparada a confrontar. Básicamente, mi burbuja de inocencia había hecho ¡plop! Justo frente a mi nariz y me había enfrentado a una adultez que hasta el día de hoy, no me siento lista para enfrentar.
El primer gran hito en la historia de todos los humanos son las desilusiones. Sentirse justiciero en un mundo lleno de injusticias. Creer en el amor en un mundo sin amores. Encontrarse solo en un mundo repleto de personas. Encontrarse con uno mismo.
Cuando salís de la secundaria, la gran premisa es "quién querés ser cuando seas grande". Y ahi salís vos, con toda tu inocencia, un cuadernillo y muchas decisiones, a prepararte para un futuro totalmente incierto y bastante fantasioso; pero que al menos, está definidido por un plan de estudio o un curriculum algo vacío. El problema se vuelve 'real' cuando te preguntás si te gusta quién sos hoy y la respuesta se resume en un no rotundo. Ahí... el alma se inquieta. Porque una pregunta te lleva a otra, y otra , y otra más... ¡Qué horrible tener el culo lleno de preguntas!
¿Por qué no me gusto? ¿Cómo lo cambio? ¿Me voy a hacer cargo de esto? ¿Cómo hago para ignorar ahora esta inquietud? ¿Qué es lo que siento? ¿Cuándo lo siento? ¿Por qué me pasa lo que me pasa? ¿Qué es esta apatía?
Las personas sensibles tienen un pequeño defecto: sufren mucho. Pero también poseen una gran cualidad que los demás no tienen: se entregan desde el alma. Cuando era muy pequeña creía que quien reprimía más, era más fuerte. Porque veía en la serenidad de las emociones, personas inmutables, poderosas y capaces de todo. Me maravillaba de aquellos que se mantenían impávidos frente a los sucesos. ¿Por qué será que mostrarse vulnerable nos da tanto miedo? ¿Por qué será que a medida que crecemos más fuerte es nuestra coraza?
Un día llegué a terapia con respuestas a preguntas que jamás me habían hecho. Simplemente, vomité emociones y sensaciones que reconocía, pero que no podía organizar. Eran mis emociones, golpeando por ser escuchadas. Colapsadas en una rendija de una ventana invisible. Esperando por salir. Llegué siendo fuerte, por lo menos bajo la concepción de un mundo donde ser sensible y vulnerable, es darle a un otro, la herramienta para lastimarnos.
Fue respondiendo a cada una de las preguntas que entendí lo fuerte que hay que ser para enfrentarse a uno mismo con compasión y amor en medio de la incertidumbre. Llorando comprendí lo difícil que es estar solo con uno mismo. Sintiendo me di cuenta de que mi fuerza y valentía no recaían en seguir un manual, sino en la decisión de reconstruirme.
Ser sensible es reaccionar a los estímulos, es percibir y sentir. Y yo... siento mucho. Siento con intensidad. A veces, mis sentimientos son demasiado profundos y me movilizan. A veces, tengo que ser fuerte y llorar. Porque ser sensible es mi verdadera fortaleza.

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