Bienvenido al mundo del TCA (parte 2)

"¿Cómo hiciste, boluda?", "¿Cómo adelgazaste tanto?", "Uf, pasame la receta...", "Ya quisiera yo estar como vos", escuché todas las versiones de la envidia y la supuesta admiración. Esa parte de mi que necesitaba aprobación y amor estaba chocha, se regocijaba en los números que proyectaba la balanza. 

Gente que solo se acercaba para charlas de minutos, varonesque me habían mirado como un amigo más y no había chance de que me miren con ojos de varón-mujer, el abrazo y el roce de deseo que me aterrorizaba, la mirada de aprobación, el piropo, la posibilidad, la cuasi popularidad. Extasiada por la aceptación entré en un círculo vicioso. 

Sabía que si eso había logrado siendo aún rellenita... cuánto más si lograba bajar aún más kilos. 

Conductas... puf, las conozco todas. 

Excluir grupos de alimentos, no comer, ayunos de días, tabletas y tabletas de chicles, comer en horarios distintos a los de mi familia, tés, mate, café, agua, agua, agua y más agua, llegar tarde y decir que ya comí, comer una ensalada, comer sin aceite, un chorrito de leche, pomelo, más agua, laxantes... Por suerte siempre tuve la consciencia del vómito y los dientes, el MIEDO que el ácido me queme los dientes y que no me quede ninguno en un futuro. Intenté una vez o dos, pero después... se me hizo más fácil sacudir la cabeza de lado a lado y decir "no gracias".  

Corría muchísimo, la ansiedad me consumía. Salía a caminar, pilates, yoga, cardio... Para mayo de ese año, cerca de mi cumpleaños número 15, mi peso se estacionó. Pesaba 56 kg, midiendo algo de 1,57. Peso normal promedio. Si rodeamos la muñeca con el dedo... se puede decir que estaba flaca. Yo no estaba conforme. Recurrí con una nutricionista, bastante frustrada porque... ¿cómo que siendo vegetariana no podía adelgazar más? 

Y ustedes pensarán, ¿qué tiene que ver que seas vegetariana? Todos alguna vez caimos en el engaño de la dieta de la manzana o la lechuga, donde comés media manzana a la mañana o sopa de lechuga y pensás que las cosas van a suceder por milagro divino del universo y la desnutrición. ¡Ay, ternuriiiiiiita! Todos fuimos el lector de la revista que aconseja que el cuerpo del verano se logra a puro aire. 

Y sí, muchas veces el cambio abrupto en una dieta es indicativo de lo que está pasando en la cabeza de la persona, porque tiro un datazo autobibliográfico, mi abuelo era carnicero y en mi familia no faltaba NUNCA el asado del domingo. Así que bueno... probé siendo "ovolactovegetariana" para ir por la vida dando la contra. 

"Comés lo que un pajarito", dijo mientras me miraba con lo que hoy entiendo como la ternura de la empatía y la experiencia. Mi ciclo menstrual se había cortado unas semanas después de llegar, así que por el momento, no se lo atribuía a mi alimentación. El fallecimiento de mi tío, y la anemia que tenía no ayudaron mucho, claramente. Pero para un profesional, que una adolescente en plena edad fértil no menstrúe era claro indicio de que algo no estaba del todo bien. 

Resulta que en el medio me ve mi pediatra, que me conocía con TODOS mis kilos extras y ¡qué maravilla! ¡Vos podías! El grupo interdisciplinario de salud, nutrición, psicología e infancia me convoca para contar mi experiencia en un grupo de niños obesos, y a la vez, acompañar en el armado de un evento en contra de la obesidad. ¡Chicosssssssss! Too much! Yo no podía con el sacudón de energía que me generaba todo... 

Claramente hacia el día del niño, cuando se hacía el evento, ahi estaba yo, acompañando en la lucha en contra de la obesidad y ayudando a profesionales de la salud a ultimar detalles de un evento. ¡Re contenta! Porque esta parte sí reconozco que me encantaba sentirme parte de ese grupo de profesionales aportando mi granito de arena. Saber que puedo acompañar un proceso y que mi experiencia contribuía al crecimiento de otros. 

Retomando con la nutri, ¿saben cuánta comida me sumó? Fue... para mi cabeza, ¡PUM! Come esto, y sumale esto, y carbohidrato por acá, y cucharaditas de aceite por allá, y semillitas por este lado, y quizás más huevo... colación por acá, cena por allá, más leche en este cafecito. Comé a estas horas, de esta manera, en este cronómetro y en estas cantidades. 

¿Iba a seguir bajando de peso? ¿Tengo que comer tanto? ¡No me da el estómago!¿A qué hora? Tengo que cocinar, tengo que comprar, tengo que sumar. Momentos de caos sí los hay. Porque no hay mayor batalla que la que tenía con mi cabeza y el tenedor. 

Sé que esto es lo más vanal, y quizás para muchos, conseguite un problema honesto. ¡Pero les juro que no! 

(Rescato que a mi me enseñó a cocinar las verduras y darle mucho sabor a las cosas. PEEEEEEEEEEEEEERO... )

Bueno, claramente engordé unos kilos que formaban parte del proceso de recuperar mi masa muscular y blablabla, momentos que lloré la vida cuando no entendía qué carajos había entendido la tipa. Pero después la balanza empezó a acomodarse y ahí ya me gustó más... 

Día 13/2/25 - Candela C.





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