Bienvenido al mundo del TCA (parte 4)
¿Por qué todo el contexto anterior?
Resulta que yo estoy en "los mejores años de la vida", según los mortales. La adolescencia suele ser ese momento tan bien recordado y amado por la mayoría.
Particularmente mi vida era una guerra constante, mi familia era solo llantos, dejar a mi mamá me implicaba una sensación desgarradora, tener miedo de que se peleen en las noches y que no haya nadie para separarlos, dormir con un oido alerta para frenar las posibles peleas, sentir que mi mamá estaba indefensa frente a mi papá. Y que mi papá era un lugar donde buscar refugio, pero también que era el verdugo por lo que había iniciado una guerra silenciosa en su contra.
A la par, el fallecimiento de mi tío despertó en mi la idea de "estar preparada para la vida", porque si algo les pasaba a mis progenitores eramos mi hermano y yo solos. Mi caracter se había vuelto irritable y hostil, un poco porque tenía hambre (aunque había perdido ese registro) y otro poco porque tenía mucho miedo. ¿Y si a mi papá le pasaba algo? ¿Si a mi mamá le pasaba algo? ¿Si quedabamos mi hermano y yo solos en el mundo? ¿Y si no estabamos preparados?
Mi cabeza era un mar de angustias que yo no entendía ni podía resolver...
Había días en los que se apoderaba de mi un ahogo que no me dejaba actuar. Lloraba sin motivo y no tenía forma de frenar. En el colectivo, en la escuela, en el baño, en la calle, sola o acompañada. Lloraba desgarradoramente. Yo no podía tomar control de mis emociones aunque lo intente.
Un suceso que alertó a docentes, fue el día que me entregan una nota de un examen. Me había sacado un diez, pero cuando me entregan la hoja rompí en llanto y pedí permiso para ir al baño. La profesora miraba la hoja, me miraba a mi y no entendía cómo proceder. Así que citaron a mis padres para dar aviso de esto.Ellos tuvieron un doble discurso, porque no sabían cómo gestionar las cosas. Por un lado, ¿por qué yo lloraba en la escuela donde todos me veían? Y por el otro lado, ¿por qué lloraba? Había alarmas pero no sabían qué hacer con esas alarmas. Así que me llevaron a terapia.
Mi primer psicóloga se llamaba Estela. Y nunca pude confiar del todo, para ser sincera. Pero en ese espacio aprendí a relativizar la normalidad. Terapia fue para mi la puerta a ordenar pensamientos, no así emociones.
En una de las primeras sesiones ella me pregunta por cómo estaba compuesta mi familia, cuáles eran las dinámicas y qué pensaba yo.
"Somos cuatro, y supongo que las de una familia normal", le dije convencida. Y ella me retrucó preguntando "¿Qué sería normal?". Con ella entendí que mi familia, como tantas otras, era disfuncional y que era normal porque era lo que yo conocía. Que lo que pasaba en mi casa no era normal, que no en todas las casas pasaba, y que la vida de otras personas no era igual que la mia. Para un adolescente de catorce años, eso es todo un descubrimiento.
Muchas veces no entendía qué hacía ahi. Yo iba porque me habían mandado. Hablaba algunas cosas, me recomendaba algún que otro libro, hacía pequeñas tareas... pero bien, bien qué función cumplía en mi vida la terapia no entendía.
La terapia aumentó los roces con mi papá, porque cada día se me hacía más dificil callarme cuando sentía que algo era injusto, en mi cabeza mi mamá era víctima y yo tenía que defenderla, y con mi hermano no había mucho diálogo porque yo veía solo un niño inmaduro que quería cosas viendo que las circunstancias no eran las ideales.
(Con mis ojos de persona de veinticinco años, sé que fui injusta y que no había un solo culpable, pero en ese momento... no podía entender las cosas)
Día 15/02/2025 -Candela C.
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