Café con leche
Hoy tomé un café con la Cande de 15 años.
Ella venía con su ropa holgada y grande intentando ocultar su cuerpo;
yo llevaba ropa más cercana a mis talles aunque no perdí la costumbre.
Ella pidió un té que venía con una pequeña galletita de vainilla que no comió; yo pedí un café con leche y una tostada con huevos revueltos. Ella me miró con sus ojos como platos, seguramente pensando "todo eso vas a comer".
Ella me contó que quería ser bioquímica, recibirse lo más pronto posible, trabajar en un laboratorio donde se mantuviera lejos de la gente y pudiese volver a su casa, sola, donde no hubiese problemas con los que lidiar o gritos que soportar, y que seguramente haría otra carrera u otra especialización una vez que termine;
yo le sonreí y le dije que las cosas no eran tan lineales como las pensaba, que en el camino se podía y debía dejarse sorprender un poco más. También le conté que aún no estaba recibida, que había probado muchas carreras, que había colapsado, dejado, vuelto... e incluso que me había mudado de país y nuevamente tramitando papeles para poder retomar.
Ella me contó que estaba desilusionada del amor y que jamás iba a encontrar alguien que la quiera, que la rechazaban por su cuerpo y que siempre miraban a sus amigas;
y yo le dije que el concepto del amor como lo conocía era demasiado rígido, que cuando se diese la oportunidad de amar, llegaría el amor en todas sus formas. Que serían amores sinceros, profundos y que abrazarían todo eso que otros rechazaron. Le conté que tengo novio, amigos y alumnos que me han llenado la vida de color. Y que aunque siempre rechacé ser "profe", las vueltas de la vida me mostraron que sí era feliz enseñando.
Me contó que seguía peleada con papá y que cuidaba a mamá, que peleaba y se impacentaba con nuestro hermano porque se comportaba muy inmaduro;
y yo... le conté que cuidaba a mamá, a papá y a mi hermanito. Que los amaba con todo el corazón y que todas esas experiencias que vive con ellos, le van a enseñar a ser más humana y entender que todos tenemos nuestra propia historia. Que ese hermano inmaduro, simplemente está viviendo una etapa que ella no está sabiendo vivir porque está colapsada.
Le aconsejé que se relaje un poco y deje de juzgarse tanto, aunque... conozco su mirada y no la convencí.
La abracé llorando, sintiendo su delgadez y viendo en sus ojos la dureza de lo no resuelto, sabiendo que aunque necesitaba llorar, nadie puede verla siendo vulnerable porque podrían lastimarla. Le sonreí entre lágrimas y le dije que aunque no todo está resuelto, igual la amo y estoy orgullosa de ella. Que si necesitaba una charla estaba disponible, aunque sabía que nunca llegaría, porque ella siente que puede con todo sola.
Sabía que los 16 se venían fuertes pero no podía adelantarle nada. Me sonrío a medias y creo que con un poco de decepción, agarró sus cosas y se fue.
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