Ser el hermano mayor, el autosuficiente, el capaz, el inteligente, el preparado, el estimulado, el que tiene futuro. Entre tantas expectativas, un día te descubrís orbitando el mundo en soledad, esperando que las cosas sucedan para elegir la opción más lógica y menos dañina. Somos el sueño de todos: “el hombre que resuelve”, “la mujer que resuelve”. La persona que saca soluciones de la galera porque ya había ensayado cada escenario posible en su mente. Un deja vú constante.
Intuición, poder arácnido, ansiedad. Cada profesional le pone su propia etiqueta.
Somos esas personas que viven en la anticipación. Actuando la vida. Esperando que todo lo que ensayamos en nuestra mente se haga real; porque no sabemos vivir sin esperar que suceda lo peor.
Nos adaptamos, cuidamos que nadie se rompa, abrazamos corazones, preguntamos lo que nadie pregunta, enseñamos a tratar a otros, mimamos, regalamos, pensamos. Nos llevamos la campera que alguien olvidó, comemos menos para compartir. Y, en silencio, ocultamos el profundo deseo de ser resguardados y amados.
De niña, cuando veía películas donde elegían a los jugadores para "los quemados", siempre empatizaba con el último en ser elegido, o peor, con quien ni siquiera era considerado.
Ser el hermano mayor muchas veces significa entender que hay otros que son prioridad. Que hay un bebé que llora y necesita atención. Que no hay que ser egoísta. Que la atención se comparte. Que algunas necesidades son más urgentes que otras. Que muchas veces no sos la prioridad. Que no lloraste lo suficientemente fuerte para ser escuchado, abrazado, elegido.
Día 21/2/2025.
Y no, no es una queja sobre ser el hermano mayor. Tal vez un hijo único, el del medio o el menor también lo sientan así. Es solo un ejemplo donde muchos pueden encontrar sentido.
¿Cuántas veces quisiste ser el elegido?¿El visto?¿El primero?
¿Cuántas veces todo pasaba alrededor tuyo demasiado rápido y no llegaste a procesar las cosas?
¿Cuántas veces tuviste que justificar la sensación de abandono? ¿Y la de rechazo? ¿Y la de insuficiencia?
Puede parecer una mezcla de temas inconexos, pero a veces las heridas se entrelazan formando una gran telaraña.
Sos la mosca que cayó en la telaraña. Sos el adulto que desea ser elegido, pero que no sabe elegirse. Aprendiste que siempre hay algo más importante que vos.
¿Cuántas veces en tu propia vida, sos la segunda opción?
Es curiosa la cantidad de veces que nos rechazamos porque nos rechazaron, que nos abandonamos porque nos abandonaron, que nos exigimos porque alguien más lo hizo... el vacío se extiende porque es lo que conocemos. Para desgracia nuestra, es nuestro lugar seguro, porque nos enseñaron eso. Aprendimos que hay lugares seguros aunque duelan. Aprendimos que duele menos hacerse cargo del otro que de uno mismo.
Cuando crecemos, nos toca ser quien nos abraza y, por primera vez, ser nuestra propia prioridad. Sin embargo, a veces nos convertimos en adultos que siguen sin elegirse. Y ese niño interior, convertido en la voz del rechazo, nos impide ser elegidos.
Día 23/2/2025 - Candela C.
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