Soy arepa tiesa con crisis existencial
De los primeros cinco minutos de un curso de marketing me llevé preguntas.
Pero no el tipo de preguntas que esperaban que me lleve. Eran más bien del tipo, ¿cuál es el propósito de mi vida?
Porque sí... yo encuentro dudas existenciales donde otros ven dudas funcionales.
¿En qué soy buena? ¿Qué quiero compartir con el mundo? ¿Qué tengo yo en mis manos para edificar al otro? ¿De qué cosas me gusta hablar?¿Por qué?
¡La que lo parió!
¿Tiene que haber un porqué para que me guste hablar? ¿Tiene que haber algo específico? ¡Jaaaaaa!
Sin embargo, me rompí la cabeza pensando. Porque... che, ¿qué sé yo que realmente cumpla con todo lo anterior?
Me da pánico ir por la vida como la boluda que agarra un micrófono para decir barrabasadas.
Y ahi me di cuenta que me falta siempre la pregunta principal, ¿quién está hablando realmente?
"Yo solo sé, que no sé nada"; y así voy por la vida. Pues sí... pero no me parece ir por la vida sin aportar en nada. Porque supuestamente todos tenemos un propósito, o al menos, todos tenemos algo que es nuestro.
Me doy cuenta de que en preguntas tan sencillas —y a la vez tan vagas— como "¿Cuál es tu nicho?", hay una parte de mí que se hace chiquita. Prefiere quedarse en el confort de no saber nada.
Porque así puedo excusarme de mis propias sensaciones, quedarme con el sentimiento de que realmente soy una inútil, y no necesitar hacerle frente al mundo.
Pero más complejo aún, es sentir que realmente encontraste tu nicho, porque implica hacernos frente a nosotros mismos, y dejar de lados las excusas. ¡Hola, hola Sr. Complejo Impostor! ¿Qué tal le va en el alquiler no pago que tiene en mi cabeza?
Una y otra vez... me encuentro arepa tiesa frente a la vida, que simplemente nos pide vivirla.
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