Fracasando

                                 "El que no planifica, planifica fracasar" 

En realidad, estaba estudiando pero se me clavó en la sien esta frase que me cala profundo el corazón y la mente. 

Mi mente no es estratega ni ordenada, no es simple ni centrada. A veces todo es difuso, a veces me siento lejos. Hay días que la B12 no alcanza. 

Cuando era adolescente, Cande era todo lineal, ella era un diez. No había lugar para correrse un poco de la linea, no había lugar para fallar, no había lugar para sentir, no había lugar para llorar. Cande pensó que los amigos eran un estorbo, por eso se pasó la adolescencia sin entender cómo ser un adolescente. Esa versión de sí, cargaba con el peso de sí misma; sin embargo, era tan exigente que logró pesar cuarenta kilos y cincuenta y cinco gramos. Esa versión consumió hasta el último gramo de alegría. Esa versión se llevó su disfrute y su capacidad de reir. Se llevó la capacidad de conectar con otros. Cande le tenía tanto miedo a fracasar en su examen de ingreso universitario que se pasó el último año de la secundaria, estudiando para aprobar. Y cuando aprobó uno con nueve, uno con diez y uno con nueve cincuenta, no se sintió feliz. Simplemente era lo que tenía que hacer y ya. 

No contenta con eso, comenzó otra etapa, en la que también se exigió tanto, pero tanto, tanto... que su organismo colapsó. Cande es exigente y no sabe ser autocompasiva, en presente porque eso no cambió. Cuando me vi reprobando, con treinta kilos extras,  y un mundo insostenible me tocó enfrentar a Cande. Un día me encontré con todas mis sombras. Ego y soberbia, antipatía y falta de amor, perfeccionismo y negacionismo. Tambaleé fuertísimo. 

¿Y vos realmente querés ser esta persona? 

Nunca voy a olvidar a esa psicóloga que un día me dijo "quizás no siempre podés ser un diez, a veces, con un seis alcanza". 

Yo era segura de mis decisiones e iba para adelante, ¿quién soy hoy sin ser esa versión tan conocida de mi? 

Un día me encontré abrazando mi cuerpo, consolando un dolor corporal extraño y llorando asustada; otro día me encontré llorando frente a las palabras que tantos años me habían abrazado. Leer se había vuelto un caos, no entendía. Las palabras se hacían nubes y mi cerebro era una laguna. El estómago me ardía. Y me pregunté qué estaba haciendo conmigo. Luego de años, me encontré renunciando a todo. 

Cande no renunciaría jamás, ¿cierto? 

Se me cayó el discurso desde un piso treinta y me di TAN FUERTE que solo me encontré planificando mi fracaso. Hoy solo se que no puedo más que intentar. 


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