Carta a papá:

 Hola pa, 

El avión está por despegar, así que respirá profundo y no desesperes, seguí las indicaciones de las azafatas y no te olvides de hidratarte. 

*Mirá a la derecha, mirá a la izquierda* 

En alguno de los lados está Luciano que seguro está tan cansado como vos. Quedan como 10 horas más, así que tomalo con paciencia. Disfrutá incluso el cansancio, la incomodidad,  las horas eternas, porque no todos los días uno está camino a un sueño compartido. Además, nada más lindo que el cansancio de viajar. 

Sos el que resolvió, el que estuvo, el que empujó, el que dio incluso cuando capaz no sobraba nada. Entonces sí, ahora te toca recibir. 

Recibir un viaje, porque un mensaje de Gabi ya sería demasiado. Recibir amor en forma de aventura, de regalo, de “valió la pena”, de familia diciendo: gracias por tanto. No sé si existe el momento perfecto, pero este se le parece bastante.

Es real y es gracias a Dios, que sabe cuántas veces soñamos hacerte un regalo y corresponder todo el amor que nos diste. El mismo Dios que cumple sueños poquito a poquito. El mismo que escucha tus oraciones en el silencio, y te recompensa en público. 

Como tantos otros momentos, esto es un acto de fe y un momento de impulso, porque no sabíamos si iba a haber nafta en el mundo, o si ibamos a explotar en el camino. 

Ya sabés, ¡caos y destrucción! 

Bueno, contra todo pronóstico, y como siempre dándole la contra a todo, con Gabi dijimos a la mierda el miedo. El mundo siempre está desordenado. 

Así que cuando mires por la ventanilla, o cuando estés en medio del caos del aeropuerto, acordate de algo: no estás solo viajando a otro lugar… también estás viendo una parte de todo lo que sembraste.

Sos un gran hombre y un gran papá. 

Te amamos muchísimo. 
Y pase lo que pase: pasaporte, valija, turbulencia o caos internacional… ¡ya ganaste!

Este viaje existe.
Y existe porque existís vos.


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